Una historia de la cama (I)

Pasamos 8 horas diarias en la cama a lo largo de nuestras vidas, pero cuando pensamos en ello la idea que nos viene a la cabeza es la de un confortable mueble con colchón ergonómico y un fabuloso juego de sábanas, mantas, edredones y almohadas. Sin embargo tuvieron que pasar muchos siglos para que esto fuera así.

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El primer dormitorio destinado a ese uso data de la época de los sumerios (3.500 a.C.) y era una estancia que albergaban solo los palacios reales. Había solo un dormitorio por vivienda sin importar la cantidad de habitaciones que tuviera ni el número de habitantes. Era el esposo quien lo ocupaba y el resto de la familia, incluidos la esposa, los hijos y los invitados, dormían en yacijas o en el suelo. Almohadas había para todos pero eran piezas duras cuya finalidad era cuidar el peinado del durmiente.

En lo que a las mantas se refiere, solían ser pieles de animales.

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Las almohadas egipcias eran similares a las sumerias pero en este caso todos tenían su aposento rodeando el “dormitorio del amo”, provisto éste de una cama con baldaquín. El resto de las camas eran más pequeñas. Las camas se empleaban para pasar la noche, descansar durante el día y comer. Todas las camas incluidas las del pueblo llano poseían toldos y cortinas para protegerse de la plaga de mosquitos.

A diferencia de los egipcios, los griegos poseían dormitorios más austeros. El dormitorio típico contenía una cama estrecha y sencilla de madera o mimbre, un baúl para guardar las pertenencias y una silla.

CAMA PORATIL

En el caso de los romanos el cubicula (de ahí la palabra cubículo) o dormitorio era algo así como un armario aislado por una cortina o una puerta. Los cubicula tenían una cama de madera, una silla, un orinal, y los colchones eran de paja, juncos, lana, plumas o plumón de cisne, según el estatus económico de la persona. Las mosquiteros eran de uso corriente también aquí. La ropa de cama podía ser de lino o de seda.

Con la caída del Imperio Romano, las personas pasan a dormir nuevamente sobre el suelo o sobre un banco. Dormir bajo techo era un lujo que pocos podían darse. La paja se guardaba en un saco de arpillera y se extendía sobre el banco, o sobre una mesa, de manera que las camas se hacían y deshacían una y otra vez.

Breve historia de las camasLos anglosajones también se habían acostumbrado a la austeridad y la blandura de los colchones, se creía, minaba la virilidad de quien así dormía.

Hay que pensar que los colchones de estas épocas no estaban protegidos de los insectos ni de pudrirse ya que, además, tampoco eran secados ni renovados. Los médicos recomendaban añadir al relleno dientes de ajo para evitar estos inconvenientes.

Continúa en: Historia de la Cama II

Autor: lileka

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