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Velas para decorar, regalar o… ¡comer!

Historia y funciones de las velas

La descripción más antigua del uso de las velas data del siglo I d.C en escritos romanos, pero se cree que antes las fabricaron los etruscos, y los egipcios, que usaban velas de junco o antorchas empapando los carrizos de sebo fundido. Los etruscos las denominaban cereus, cereus fanales y cebaceus, nombres que designaban a velas o cirios hechos con cera, sebo o pez y con una mecha de papiro, junco o estopa. Su uso, tan antiguo como la civilización misma, siempre estuvo asociado no solo a aportar iluminación artificial antes de que se inventara la bombilla, sino a fines místicos, como medio de comunicación con los dioses: el cuerpo de la vela se correspondía con el cuerpo del ser humano, el pabilo representaba la mente y, la luz, el espíritu.

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Las velas siempre han estado presentes en altares, templos, tumbas, palacios y hogares y se las usaba para llevar a cabo rituales tales como la protección del hogar, atraer al ser amado, atraer prosperidad, salud o abundancia. En torno a las velas se desarrollaron infinidad de especulaciones con tintes mágicos o mistéricos.

Algunos, por ejemplo, creían que cuando la luz de la vela era azulada o sombría, había un fantasma o espíritu rondando. En Alemania había tres ocasiones en las que era indispensable encender una vela: en el nacimiento de un niño para espantar a los malos espíritus, en el matrimonio para ahuyentar al mal de ojo y en la muerte, para asegurarse de que nada robaría el alma del difunto. Aún hoy hay quienes creen que para que la magia sea completa la vela debe encenderse con una cerilla y nunca apagarla soplando sino con los dedos mojados o una campanilla. Hay quienes creen que el color y el olor que desprende una vela tiene que ver con una “vibración” distinta y que cuando se enciende una vela se asciende “a un nivel astral superior.”

Fabricadas con grasa animal o vegetal las velas resultaban ser perfectamente comestibles y no faltan relatos acerca de soldados o fareros que se las devoraban cuando escaseaban los alimentos.magia+con+velas

Recién a partir del siglo XVII se extendió el uso de velas de cera de abeja que se evaporaban mucho menos que las de sebo. Eran tres veces más caras pero su llama ardía desprendiendo mejor luz. Para ese entonces la Iglesia ya había incorporado el uso de cirios y las gentes de las clases altas las empleaban ostentosamente en las grandes ocasiones. En el siglo XVIII las velas más caras serían las blancas y relucientes de cera, las duras y amarillas de sebo vegetal, chinas, y las velas verdes perfumadas con laurel. A finales de este siglo también se fabricaron velas con esperma de ballena que además de no desprender un olor desagradable, al encenderse no se reblandecían ni se deformaban con el calor del verano.

A mediados del siglo XIX comenzó a producirse la estearina a partir de grasa refinada, su duración era mayor así como su dureza; tenían buen olor y podían fabricarse en colores más opacos. Hacia 1850 se comenzó a emplear la cera-parafina que pronto sustituyó al resto de materias primas, y se implantó su fabricación a niveles industriales, aun cuando en 1811 ya se había descubierto la manera de calentar un filamento mediante energía eléctrica y conseguir que diese luz.

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En la actualidad las velas se siguen usando profusamente para crear ambiente, una atmósfera más íntima y romántica, o para decorar en las fiestas o en las salas de fiestas o restaurantes. Las hay envueltas en hojas secas, o sostenidas por candelabros de lo más variopintos, farolillos de papel, o velas flotantes en cuencos de cristal. Las hay esculpidas y modeladas, en todos los tamaños, colores y formatos, perfumadas con aceites y esencias y, como todo aquello que emana fuego, las velas siguen fascinando y generando emociones agradables.

Sin duda pueden ser un hermoso regalo.

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